martes, 4 de diciembre de 2012

El fuego del cielo (5º parte)



-No entiendo, no entiendo.

Pertinax negaba una y otra vez con la cabeza. Finalmente habían llegado a aquella maldita pradera, y ahora que por fin estaban allí no veían ni un solo bárbaro.

-Deben haber escapado-explicó Siseuma dubitativo.

Pertinax volvió a negar, era absurdo que hubiesen escapado. Miró a lo lejos de la pradera y le pareció ver algo extraño. Frunció el ceño y llamó al resto de los oficiales.

-Venid-ordenó.

El séquito se acercó lentamente, agotados por la marcha y el terrible calor.

-¿Veis eso?-preguntó Pertinax señalando a lo lejos.

Siseuma miró lentamente, y entonces sintió como todo encajaba.

-¡Maldito Bellomarius!-gritó.

Todos los oficiales y el propio Pertinax se giraron.

-Bellomarius nos ha engañado, la hierba está aplastada-Pertinax se dio cuenta de todo y notó un escalofrío por todo el cuerpo-. Mientras nosotros veníamos hacia aquí por el Este, Bellomarius se ha dirigido hacia el campamento por el Oeste. Eso significa...

-Que el emperador está en peligro mortal.

La interrupción de Siseuma dejó un silencio desesperado. Pertinax entonces reaccionó. Saltó a su caballo y agarró con fuerza las riendas.

-Que los hombres se preparen para retomar la marcha. Hay que salvar al emperador-ordenó con voz firme y añadió-. La derrota no es una opción.

Siseuma se acercó al general con aire taciturno.

-Mi general, nuestros hombres están agotados, no darán un paso más, y vos solo no podéis contra un ejército de germanos.

Hubo unos segundos de silencio cuando Pertianx finalmente proclamó:

-Pues moriré en el intento.

Y salió a toda velocidad en su caballo.



&



Fronto luchaba desesperadamente contra más y más germanos. Las murallas estaban completamente inundadas y cada vez había más soldados bárbaros, además para colmo de males el ariete germano había llegado al portón y estaba empezando a derribarlo, el fin se estaba acercando.

Fronto apuñaló a un guerrero germano que se habían lanzado sobre él y se abrió paso a golpe de espada hacia la torre más cercana. Se deshizo de todos los enemigos que encontró, finalmente pisó tierra firme y entonces corrió como nunca había corrido en su vida. Cada crujido del portón caía sobre su ánimo como un jarro de agua fría. Corrió y finalmente llegó al centro del campamento completamente agotado. El emperador tenía en sus manos las entrañas de un animal degollado a sus pies, a su lado Pompeyano le imploraba desesperadamente que hiciese algo, pero Marco Aurelio seguía allí con los brazos levantados en alto mirando al cielo como si no escuchase nada, invocando a los dioses.

Fronto cayó al suelo completamente agotado por el esfuerzo, y entonces oyó otro crujido, el portón no aguantaría mucho más.

-César-dijo con un hilo de voz sin ánimo y exhausto-. Hay que mandar más hombres al portón, está a punto de ceder.

Pero el emperador no dijo nada y siguió mirando al cielo. Pompeyano completamente desesperado se tiró al suelo con las dos manos unidas bajo su cabeza y empezó a murmurar algo.

-Padre...cielo...sálvanos-fue lo único que pudo distinguir Fronto.

Entonces ya compeltamente agotado y viendo como se acercaba el final miró al cielo. Las nubes más negras que había visto en su vida empezaban a tapar el sol y un frío que helaba los huesos empezó a inundar el ambiente. Oyó otro crujido, uno más y todo se habría acabado . De repente sintió un escalofrío a medida que se intentaba levantar , notó como el suelo temblaba y como un clamor no de este mundo empezaba a crecer en la lejanía, a medida que un extraño terror se empezaba a apoderar de él. Y entonces...
 
continuará...

2 comentarios:

Magdalena dijo...

Mateo, por favor, redacta el final, que los nervios y la intriga van a acabar conmigo:-) Está quedando un relato realmente bueno.

Guillermo Supervielle Bergés dijo...

Pero por favor ¡Cuánto más nos vas a tortura! ;)

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