lunes, 13 de mayo de 2019

Aventura Fatal: Caos en Corinto

Continuando nuestro increíble viaje por Corinto, decidimos adentrarnos en la acrópolis, sin saber muy bien qué nos depararía aquella aventura. Por lo que sabíamos, la gente de la zona le llamaba Acrocorinto, y era una de las fortificaciones más prestigiosas de toda Grecia. Se encontraba en una elevación próxima a la ciudad , a unos 575m de altura, lo cual le confería una ventaja táctica impresionante. 
Mientras subíamos la cuesta, Mikel dijo:
- Vaya graficazos, ¿no? ¡¡Cómo Magdalena no pudo enseñarnos esto antes!!
Yo, sin embargo, no hacía caso de lo que me decía porque, aparte de que a veces se le va la pinza, estaba asombrado por lo que teníamos delante de nosotros. 
Lo primero que vimos nada más llegar a Acrocorinto fue una palestra, en ese momento le dije a Mikel:
- Oye, no podemos ir con estas pintas por aquí, deberíamos entrar y robar algo de ropa a algún griego forzudo, que te parece?
Antes de que acabara de hablar Mikel ya estaba dentro, vaya chaval. 
Al entrar vi que Mikel se frenaba, me acerqué a él para ver que pasaba y vi su típica cara de asombro, y él, señalando con el dedo, me hizo ver un grupo de viejos desnudos haciendo lo que parecía una gimnasia de mantenimiento. En ese momento nos acordamos de la clase en la que Magdalena nos había dicho que los griegos hacían gimnasia desnudos. En ese momento decidimos entrar a escondidas para "coger prestada" la ropa. Estuvimos un rato buscando, al final encontré un himation, un manto largo semicircular. Mikel, que es mas presumido, buscó con mas detalle. Al final, dijo:
- Mira tío, una clámide,¡vaya ricachón! Tiene tonos muy coloridos y vivos, debe de ser de alguien importante.
Yo, le pregunté:
- Oye melón,¿yo cómo me pongo esto?
A lo que el me contestó con cierto tono irónico:
- Buscamos un tutorial en el transchronion, que tiene wifi 5G si te parece.
Finalmente me lo puse como buenamente pude y nos adentramos en el mercado. Mientras caminábamos, vimos los templos de Eros y Helios, los protectores de la ciudad. Una vez en el mercado, nos sorprendió la gama de productos que se vendían, provenientes de los confines del Mediterráneo. Entonces el espabilado de Mikel dice:
- ¡Qué bien entraba ahora un bocata de salchichas!.
Yo, seguía sin hacerle mucho caso. Cerca del mercado estaba el puerto, donde se veía mucha actividad, por lo que fuimos a investigar lo que  tramaban. Nada mas llegar vimos una flota de trirremes, unos barcos alargados, con dos velas, aunque generalmente se usaban remos en las batallas. Eran frágiles y armoniosos. Decidimos entrar en uno, nos picaba la curiosidad el saber donde nos llevaría. Pasamos horas en el barco, hasta que en un momento un silencio atronador nos hizo temer lo peor. A eso le siguieron gritos y voces, entonces supimos que estábamos en medio de una batalla. Mikel, a pesar de mis advertencias, decidió salir de nuestro escondite. Después de eso no lo volví a ver, no se que es de él ahora, pero pienso encontrarlo para salir de aquí de una vez y volver a casa. Aguanta amigo, en breves estaremos juntos y de vuelta en casa.

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