Al pensar sobre qué hacer mi entrada, pensé en la película Gladiator; y buscando sobre ella, encontré una emocionante historia de la que no tenía ni idea:
Tito quería que aquellos juegos, fueran un bálsamo para su sufrido pueblo y por ello fueron invitadas todas las familias Romanas.
| Tito Flavio |
Tito veía que no espantaba su mala suerte y que el pueblo estaba cada vez más encolerizado. Mandó que en la sesión de la tarde se organizara una gran pelea entre gladiadores poniendo a luchar, al mismo tiempo, a más de cien de ellos sobre la arena.
El ambiente se fue caldeando y la sangre comenzó a correr en abundancia. La gente cada vez quería más y eran ellos quienes decidían quien moría y quien vivía, pues Tito se plegó a sus deseos. Aquella tarde murieron un gran número de gladiadores, muchos más de los habituales, pues lo normal es que los combates no fueran a muerte pero Tito quería conquistar a su gente y lo estaba consiguiendo.
Después del baño de sangre, el emperador aún guardaba una sorpresa. Había separado a los dos mejores gladiadores del momento para que se enfrentaran en una gran pelea final.
Eran dos antiguos esclavos que habían hecho gladiadores. Uno era Vero de Moesia y el otro un Celta llamado Prisco, dos grandes amigos que no sabían que se iban a enfrentar hasta que se vieron cara a cara en la arena. Al principio se asombraron al verse, pero como grandes profesionales en lo suyo, comenzaron a batirse como si la vida le fuera en ello y es que le iba, pues el emperador quería que este combate también fuera a muerte.
El combate se alargaba y ninguno daba su brazo a torcer. El público comenzó a pedir que se diera la lucha por empatada. Siguieron luchando sin escudos y hasta sin espadas; cuando estas se rompieron pasaron a pelear con los puños, pero ninguno vencía ni ninguno se rendía hasta que, casi al anochecer… ambos fueron liberados de su condición de esclavos.